El Joven de la "Nueva Era"

” Me controlo el efecto de las drogas “suaves” al abuso de pastillas y la mezcla explosiva de alcohol con energizantes.”

Empecé a los 14 años con la marihuana porque todos decían que era ‘natural’ y que no pasaba nada. Pronto, eso ya no me relajaba lo suficiente y empecé a tomar pastillas para la ansiedad que conseguía con amigos; me hacían sentir en una burbuja. Pero el verdadero descontrol llegó cuando descubrí las bebidas energéticas mezcladas con alcohol. Sentía que podía beber toda la noche sin cansarme, era como una batería infinita, pero mi cuerpo y mi mente se estaban fundiendo.

Perdí el interés por mis estudios, me volví agresivo y terminé con taquicardias que me llevaron al hospital. Creía que el alcohol era el menor de mis problemas, hasta que me di cuenta de que sin esa mezcla ya no sabía ni quién era. En AA no me juzgaron por lo que consumía; me recibieron como a uno más que sufría. Hoy, mi energía es real, no viene de una lata ni de una pastilla. Aprendí que la verdadera libertad es poder estar conmigo mismo sin necesidad de doparme para aguantar la vida.

Era "El Ejecutivo" no podía ser alcohólico.

El alcoholismo “funcional”, el miedo a perder el estatus y el aislamiento en la cima.

A los ojos del mundo, yo lo tenía todo: un negocio próspero y una carrera envidiable. Pero por dentro, mi vida era un caos gobernado por el alcohol. Bebía a escondidas para mantener una fachada de control que ya no existía. Llegué a pensar que era demasiado ‘importante’ o ‘educado’ para ser alcohólico, hasta que me di cuenta de que la enfermedad no respeta títulos ni cuentas bancarias. En AA encontré la humildad para admitir que necesitaba ayuda. Hoy recuperé lo más valioso que el dinero no compra: la paz mental y el respeto real de mi familia.

La Madre de Familia / Ama de Casa

“Me consumía la culpa por el consumo oculto en el hogar y sufría ansiedad por la perdida de los vínculos afectivos.”

 

Mi consumo no era en fiestas, era en la soledad de mi cocina. Empezó como un escape al estrés diario y terminó siendo una prisión que me alejó de mis hijos y mi esposo. Me convertí en una experta en mentir y ocultar botellas, pero no podía ocultar la tristeza en los ojos de mi familia. AA me enseñó que el alcoholismo es una enfermedad, no una falta de moral. Hoy, libre de esa carga, puedo decir que soy la madre presente y cariñosa que ellos merecen. La dicha de vivir sin cadenas es indescriptible.

La "Señora de los Jugos" (Servicio y Humildad)

“Siempre fui una mujer trabajadora, comerciante, que encontró en la cocina y en escuchar a otras mujeres su propia medicina.”

 

Yo no tengo títulos, mi universidad fue el mercado y sacar adelante a mis hijos vendiendo lo que podía. Pero el alcohol no perdona si eres licenciada o si vendes jugos; a mí me barrió igual. uno de mis hijos se quito la vida y me perdí en el dolor y también en el alcohol. Llegué a AA sintiéndome un vacía, sin nada que dar. Pero un día me dijeron: ‘Chandy, ayúdenos con el café y a recibir a la nueva’. Ese día cambió todo. Al servirle una taza a otra mujer que venía llorando como yo, sentí que mi dolor servía para algo.

Entendí que si yo me mantenía sobria, podía ser el puente para otra. Ahora, entre mis entregas y mis ventas, siempre tengo un minuto para una llamada o para pasar la voz. No soy jefa de nada, pero soy servidora de todos, y es ese servicio el que me quita las ganas de beber. Cuando ayudo mi alma sana. ¡Y aquí sigo, de pie, fuerte para mis otros hijos y sin una gota!

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El Coordinador de Instituciones (Llevando el mensaje a las sombras)

“La experiencia de ir a cárceles u hospitales. El choque de realidad que te mantiene sobrio.”

 

Llegué a AA pensando que mi vida era una tragedia, hasta que me tocó coordinar el Comité de Instituciones y entrar a los penales. Ahí, frente a hombres que perdieron su libertad por el alcohol, me vi en un espejo. Al llevarles el mensaje de esperanza, me di cuenta de que mi sobriedad no era para guardármela, sino para entregarla a quienes están en la oscuridad más profunda. Servir en instituciones me enseñó que la verdadera libertad no es estar fuera de una celda, sino estar libre de la obsesión por beber. Cada vez que salgo de una visita, salgo más agradecido y más firme en mi programa. El servicio en las sombras iluminó mi propia vida.

La Voz de Información Pública (Rompiendo el estigma)

Tenia miedo a hacer  “El servicio de dar la cara ante la sociedad, prensa o escuelas”.  en AA me ayudaron a darle fin a la vergüenza, y me regalaron al orgullo de pertenecer.”

 

Yo vivía con una vergüenza que me carcomía; no quería que nadie supiera mi secreto. Pero el servicio en el Comité de Información Pública me cambió la jugada. Empecé pegando carteles y terminé hablando en escuelas y frente a profesionales sobre lo que AA hizo por mí. Entendí que mi historia no es un motivo de pena, sino una herramienta para salvar vidas. Al informar a otros, me informé a mí misma: ya no soy ‘la borracha’ del barrio, soy un miembro útil de la sociedad. Ver a un joven acercarse después de una charla y decir ‘creo que necesito ayuda’ es una emoción que no cambio por nada. El servicio me quitó la máscara y me dio una identidad real.

El Voluntario del Paso 12 (Lo "inconcebible")

“El que empezó llorando todos los días porque no controlaba al mundo, terminó viviendo un milagro espiritual a través del acompañamiento directo.”

 

Empecé como voluntario barriendo el grupo y sirviendo café, pensando que solo cumplía con una tarea. Luego me invitaron al Comité de Paso 12 para visitar a personas que apenas estaban en su primer día de agonía. Ahí experimenté lo inconcebible: vi cómo el brillo regresaba a los ojos de un hombre que ya daban por muerto. Estar ahí, sosteniendo la mano del que sufre, me hizo sentir una presencia superior que nunca hallé en las iglesias ni en los libros. No soy yo quien ayuda, es algo más grande que pasa a través de mí cuando me olvido de mis problemas para escuchar los de otro. Ese ‘milagro’ de ver una vida resurgir del lodo es mi paga diaria. Empecé quejándome de todos los démas en la tribuna pero me guiaron hasta terminar tocando el cielo a través del servicio.

El "Maestro de Obra" (Fortaleza y Hermandad)

” Yo era el hombre chambeador, rudo, que pensaba que ayudar era de débiles y descubrió que es lo que lo mantiene firme”

Soy de los que se parten el lomo en la construcción, de los que pensaban que ser hombre era aguantar el tequila y no rajarse. Pero la bebida me tumbó más que cualquier bulto de cemento; perdí la confianza de mi cuadrilla y casi la de mi familia. Cuando llegué al grupo, no quería hablar con nadie, yo solo quería que me quitaran el temblor de las manos.

Pero me escucharon, recibí comprensión, apoyo y al paso de los días me guiaron a la tarea mas importante de la comunidad y con la que me mostraron como iba a sanar,  visitamos  a los compañeros que estaban en el hospital. Ahí me cayó el veinte: cuando cargo los problemas de otro, los míos pesan menos. Ya no soy el ‘maestro’ que gritaba borracho; ahora soy el ROI que representa a mi grupo en las Oficinas Intergrupales y me capacitan para que esté listo para el que viene sufriendo. Ayudar a los demás es el mejor refuerzo que le he puesto a los cimientos de mi vida. Si no sirvo, me muero; y sirviendo, ¡estoy más vivo que nunca!”

El Joven Estudiante

“Me torturaba la presión social, la idea de ser “demasiado joven” y la llegada del futuro..”

A los 18 años, mientras mis amigos planeaban su futuro, yo solo planeaba mi próxima borrachera. Me sentía fuera de control y profundamente deprimido. Pensaba que para ser alcohólico había que llevar años bebiendo, pero mi fondo llegó pronto. Tenía miedo de que una vida sin alcohol fuera aburrida, pero AA me demostró lo contrario. Ahora estudio, viajo y salgo de fiesta con una seguridad que nunca tuve antes y no tengo que beber para sentirme bien. 

La Secretaria / Profesional Administrativa

” Me embargaba la ansiedad social, la timidez y la “necesidad” del alcohol para funcionar.

Siempre fui introvertida y el alcohol era mi ‘muleta’ para poder hablar con la gente y enfrentar mi jornada laboral. Pero esa muleta terminó rompiéndome las piernas. Llegué al punto de no poder realizar las tareas más sencillas sin un trago. Vivía con un miedo constante a ser descubierta. En Alcohólicos Anónimos encontré un grupo de personas que entendían exactamente mi ansiedad. Hoy no necesito una copa para tener confianza; AA me devolvió la autoestima y la capacidad de vivir un día a la vez con la frente en alto.

No soy alcohólico soy profesional de Leyes

“Me doblego la negación intelectual, las consecuencias legales/éticas hasta que al fin llego la rendición.”

Como abogado, mi trabajo es tener argumentos para todo, y durante años usé mi intelecto para justificar mi forma de beber. Creía que podía controlar las leyes de la biología, pero el alcoholismo me venció. Estuve a punto de perder mi licencia y mi libertad. En las reuniones aprendí que no importa cuánto sepas, la enfermedad es más fuerte que la lógica. Al rendirme y aceptar ayuda, encontré una nueva forma de libertad. Ahora mi mayor caso ganado es mi propia sobriedad.