El "Maestro de Obra" (Fortaleza y Hermandad)

” Yo era el hombre chambeador, rudo, que pensaba que ayudar era de débiles y descubrió que es lo que lo mantiene firme”


Alejandro
Estado de Mexico

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Soy de los que se parten el lomo en la construcción, de los que pensaban que ser hombre era aguantar el tequila y no rajarse. Pero la bebida me tumbó más que cualquier bulto de cemento; perdí la confianza de mi cuadrilla y casi la de mi familia. Cuando llegué al grupo, no quería hablar con nadie, yo solo quería que me quitaran el temblor de las manos.

Pero me escucharon, recibí comprensión, apoyo y al paso de los días me guiaron a la tarea mas importante de la comunidad y con la que me mostraron como iba a sanar,  visitamos  a los compañeros que estaban en el hospital. Ahí me cayó el veinte: cuando cargo los problemas de otro, los míos pesan menos. Ya no soy el ‘maestro’ que gritaba borracho; ahora soy el ROI que representa a mi grupo en las Oficinas Intergrupales y me capacitan para que esté listo para el que viene sufriendo. Ayudar a los demás es el mejor refuerzo que le he puesto a los cimientos de mi vida. Si no sirvo, me muero en vida; y sirviendo, ¡estoy más vivo que nunca!”

 

La Madre de Familia / Ama de Casa

“Me consumía la culpa por el consumo oculto en el hogar y sufría ansiedad por la perdida de los vínculos afectivos.”


Miriam
Veracruz

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Mi consumo no era en fiestas, era en la soledad de mi cocina. Empezó como un escape al estrés diario y terminó siendo una prisión que me alejó de mis hijos y mi esposo. Me convertí en una experta en mentir y ocultar botellas, pero no podía ocultar la tristeza en los ojos de mi familia. AA me enseñó que el alcoholismo es una enfermedad, no una falta de moral. Hoy, libre de esa carga, puedo decir que soy la madre presente y cariñosa que ellos merecen. La dicha de vivir sin cadenas es indescriptible.

 

“Empecé a los 14 años con la marihuana porque todos decían que era ‘natural’ y no pasaba nada. Pero la trampa es silenciosa: pronto salté a las pastillas para la ansiedad y terminé mezclando alcohol con energizantes para sentir una ‘batería infinita’.”

Roberto G.
Ciudad de México
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“Empecé a los 14 años con la marihuana porque todos decían que era ‘natural’ y no pasaba nada. Pero la trampa es silenciosa: pronto salté a las pastillas para la ansiedad y terminé mezclando alcohol con energizantes para sentir una ‘batería infinita’.”

Roberto G.
Ciudad de México

Era "El Ejecutivo" no podía ser alcohólico.

“El alcoholismo “funcional”, el miedo a perder el estatus y el aislamiento en la cima me tenían totalmente anclado al alcohol”

Juan.
Ciudad de México
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A los ojos del mundo, yo lo tenía todo: un negocio próspero y una carrera envidiable. Pero por dentro, mi vida era un caos gobernado por el alcohol. Bebía a escondidas para mantener una fachada de control que ya no existía. Llegué a pensar que era demasiado ‘importante’ o ‘educado’ para ser alcohólico, hasta que me di cuenta de que la enfermedad no respeta títulos ni cuentas bancarias. En AA encontré la humildad para admitir que necesitaba ayuda. Hoy recuperé lo más valioso que el dinero no compra: la paz mental y el respeto real de mi familia.

Primer plano de una mujer en actitud reflexiva, alejando una copa o mirando al vacío con serenidad.

La Secretaria / Profesional Administrativa

“Siempre fui introvertida y el alcohol era mi ‘muleta’ para poder hablar con la gente y enfrentar mi jornada laboral. Pero esa muleta terminó rompiéndome las piernas. Llegué al punto de no poder realizar las tareas más sencillas sin un trago. 

Marlene.
Estado de México
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Vivía con un miedo constante a ser descubierta. En Alcohólicos Anónimos encontré un grupo de personas que entendían exactamente mi ansiedad. Hoy no necesito una copa para tener confianza; AA me devolvió la autoestima y la capacidad de vivir un día a la vez con la frente en alto..”

El Coordinador de Instituciones (Llevando el mensaje a las sombras)

“La experiencia de ir a cárceles u hospitales. El choque de realidad que te mantiene sobrio.”


Daniel
Chihuahua

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Llegué a AA pensando que mi vida era una tragedia, hasta que me tocó coordinar el Comité de Instituciones y entrar a los penales. Ahí, frente a hombres que perdieron su libertad por el alcohol, me vi en un espejo. Al llevarles el mensaje de esperanza, me di cuenta de que mi sobriedad no era para guardármela, sino para entregarla a quienes están en la oscuridad más profunda. Servir en instituciones me enseñó que la verdadera libertad no es estar fuera de una celda, sino estar libre de la obsesión por beber. Cada vez que salgo de una visita, salgo más agradecido y más firme en mi programa. El servicio en las sombras iluminó mi propia vida.